sábado, 20 de julio de 2013

María Trinidad Sánchez

Nació en 1784. Primera víctima del crimen político en la historia republi­cana, es la más elevada expresión del liderazgo femenino en su época.

Hija de Fernando Sánchez e Isidora Ramona, perteneció al grupo de febreristas que lucharon por la Independencia Nacional. Junto a Concepción Bona, sus manos confecciona­ron la “primera bandera dominicana”.

Fiel seguidora del pensamiento y acción de Duarte, parti­cipó activamente en todo el proceso que culminó el 27 de febrero de 1844, momento decisivo en el que transportó pól­vora en sus propias faldas y elaboró muchos de los cartuchos que utilizaron Los Trinitarios esa noche.

Al rebelarse las intenciones anexionistas del General Pedro Santana, se integró a los movimientos conspiradores que surgieron para derrocarlo. María Trinidad alojó en su casa a los disidentes del General Santana y organizó y orientó la conspiración del 1845.

Intentando por todos los medios legales que los defen­sores de la independencia pudieran volver al país, el movi­miento conspirativo entre civiles y militares tenía por plan un cambio de gobierno, dejando a Pedro Santana con plenos poderes para que éste ordenara el regreso de los patriotas, para luego derrocarlo.

Al descubrirse la insurrección, María Trinidad fue una de las primeras personas apresadas. Única conocedora del escondite de su sobrino, Francisco del Rosario Sánchez, a quien le llevaba las comunicaciones que le enviaban, jamás lo reveló. Junto a otros conjurados fue juzgada por un Consejo de Guerra que les condenó al fusilamiento. El dictamen del Tribunal dice tex­tualmente, que fueron condenados como autores instrumen­tales de la conspiración considerados hasta el momento, y por haberse negado obstinadamente la primera (María Trinidad Sánchez) a confesar (es decir, a delatar) los principales.

Estas palabras dejan ver la entereza de carácter de esta mujer, ya que en los interrogatorios se le ofrecía la gracia de la vida si denunciaba a sus compañeros de conjura, pero esta heroica mujer prefirió callar y enfrentarse al pelotón de fusila­miento antes que traicionarlos.

El 27 de febrero de 1845, al cumplirse el primer aniversario de la fundación de la República, se ejecutó la sentencia. María Trinidad caminó desde la fortaleza Ozama hasta el cementerio, donde sería fusilada, y al pasar por la Puerta del Conde exclamó: "Dios mío, cúmplase en mí tu voluntad y sálvese la República".

Su muerte fue producto de la fidelidad a los intereses de la soberanía nacional.


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