domingo, 28 de julio de 2013

Rosa Bastardo de Guillermo (1819-1881)

Hija de Don Andrés Bastardo y Mercedes y de doña Josefa Gil y Figueroa, ricos propietarios de la región oriental, nació en la Rodada, hoy jurisdicción de la común de Hato Mayor del Rey.

En un impreso antiguo se consigna que doña Rosa Bastardo contribuyó con parte de sus ganados al racionamiento de las tropas que libraron la última campaña contra Haití, pero es indudable que su contribución fue mayor y más espléndida, en los días magnos de la Restauración de la República. Las tropas españolas mermaron grandemente su rico hato de La Rodada, en venganza de que su esposo figuraba como jefe superior de las fuerzas restauradoras en la región oriental, cuyo campamento de la Yerba-Buena resistió heroicamente repetidos ataques enemigos.

Doña Rosa contrajo matrimonio el 20 de noviembre de 1843 en Hato Mayor del Rey, con Pedro Guillermo y Guerrero (1814-1867), prócer de la Independencia y de la Restauración, quien desde el 26 de octubre de 1865 hasta el 8 de diciembre del mismo año, y en virtud de una resolución de la Asamblea Nacional, ocupó la Primera Magistratura del Estado.

De esta unión hubo un solo hijo: Cesareo, nacido en La Rodada, el 8 de marzo de 1847.


Doña Rosa Bastardo, viuda Guillermo, se trasladó a fines de 1879 a Puerto Rico en unión de su hijo que había sido derrocado de la Presidencia de la República. En Ponce, en febrero de 1881, murió a la edad de sesenta y cuatro años.

Filomena Gómez de Cova (1800-1893)

Los nombres de Ana Valverde, María Trinidad Sánchez, Froilana Febles, Baltasara de los Reyes, Rosa Duarte, Juana Saltitopa, María de Jesús Pina, Filomena Gómez, Micaela Rivera, Petronila Gaú, Concepción Bona, las hermanas Villa y del Orbe, ocupan lugar en los anales de nuestra gloriosa Independencia.

A doña Filomena Gómez de Coya corresponde la gloria de haber importado desde Caracas la flor blanca que sirvió de símbolo duartista en el pecho y en la cabellera de la mujer dominicana y en el ojal y sobre el corazón de los próceres en los días gloriosos de la Trinitaria.

No hay duda de que Filoria es el nombre con el cual fue conocida en el país la flor que trajo de Venezuela la señora Gómez de Cova.

Doña Joaquina Filomena Gómez era mujer de apreciable instrucción y pertenecía a una familia dominicana de ilustre abolengo. Nació en esta ciudad en el año 1800.

Doña Filomena Joaquina Gómez Grateró, viuda de la Cova, acabó sus días en esta misma ciudad el 9 de mayo de 1893, en edad nonagenaria. Era nieta del Capitán de Caballería Don Francisco Gómez.


Doña Filomena Gómez, hermana de próceres, hizo a la patria en los días de la Independencia, la ofrenda de una blanca flor que llegó a ser un símbolo: "la filoria."

María de las Angustias Villa (1814-1898)

Nació en la ciudad de La Vega en 1814, hija de Juan Ramón Villa.

En su casa se refugió Juan Evangelista Jiménez cuando visitó El Cibao con motivo del manifiesto de enero de 1844. Igualmente se hacían reuniones de los febreristas. 

Confeccionó con ayuda de sus hermanas la bandera dominicana que ondeó por primera vez en El Cibao el 4 de marzo de 1844.

Murió en el año 1898.

Rosa Duarte (1821-1888)

Hermana de Juan Pablo, nació en Santo Domingo, en 1821. Como todos los hijos de doña Manuela Diez, estuvo imbuida por un gran fervor patriótico. Miembra y colaboradora activa de la sociedad secreta la Trinitaria', tuvo una destacada e importante participación en los preparativos de la proclamación de la república el 27 de febrero de 1844.

Sus apuntes, aporte de incalculable valor para nuestro país, son considerados por Emilio Rodríguez Demorizi como "el Nuevo Testamento" de nuestra historia, ya que a través de este documento se han podido conocer los detalles de aquellos años de conspiración y de trabajo por la liberación de la patria. En ellos dice: "Dios me ha conservado la facultad de pensar y recordar y también me ha concedido el sagrado derecho de protestar contra los traidores a la Patria".

Aportó a la causa liberadora apoyando las actividades de los Trinitarios y de la sociedad La Filantrópica. Junto a sus amigas, participó en las obras teatrales que se presentaban en el edificio de la Cárcel Vieja, situado al lado del Palacio de Borgellá, frente al Parque Colón, desde las que se creaba conciencia sobre la causa independentista.

Estas representaciones, en adición de mantener levantado el espíritu público, servían también para obtener recursos con los cuales comprar municiones cubrir los gastos de los emisarios que se enviarían a desempeñar misiones a distintas partes del país.

En los preparativos para la proclamación de la Independencia, Rosa Duarte fabricó junto con otras mujeres gran cantidad de las balas que utilizó el movimiento.

En 1845, un año después de proclamada la independen­cia, fue deportada junto a su madre y hermanos/as. Muerto su hermano Juan Pablo, quiso regresar al país, pero aunque en 1883 el Estado Dominicano ofreció facilidades para el retomo de la familia Duarte, su hermano Manuel se negó a regresar a aquella tierra de la cual habían sido expulsados/as sin ningún miramiento.

Aún así, Rosa se mantuvo animando a los y las patriotas de aquellos días que visitaban constantemente su casa en Caracas, a que siguieran en el empeño de adelantar al país.

Junto a su hermana Francisca confeccionó en seda una bandera dominicana que enviaron al Ayuntamiento de la Ciudad de Santo Domingo. Murió en Venezuela en 1888.


martes, 23 de julio de 2013

Manuela Diez y Jiménez (1786-1858)

Madre de Juan Pablo Duarte, esta mujer jugó un importan­te papel político en los sucesos que condujeron a la proclamación de la república en febrero de 1844.

Nació en El Seybo el 26 de junio de 1786 y habiéndose casado con Juan José Duarte emigró a Puerto Rico en 1801 a causa de la invasión de Toussaint Louverture.

Alimentó y apoyó la formación intelectual de sus hijos e hijas, así como las ideas políticas que originarían el nacimien­to de la sociedad secreta La Trinitaria. Padeció con entereza la persecución y los allanamientos en su hogar, mientras el hijo permanecía oculto durante el proceso de conspiración que le expulsara del país.

Ya en 1843, debió asumir sola la jefatura de un hogar en conflicto por la represión del gobierno haitiano, al quedar viuda en noviembre de ese año; para entonces, Juan Pablo Duarte se encontraba exiliado en el extranjero. A solicitud de éste, Manuela accedió a poner al servicio de la causa patrió­tica los bienes familiares recién heredados del padre, lo que demuestra la firmeza de sus ideales patrióticos y su entrega a la causa.

El momento más jubiloso de Manuela fue cuando ya inde­pendizada la patria, recibió en su casa a Juan Pablo Duarte de regreso del exilio. En aquella ocasión aceptó el reclamo de Sánchez de que, no obstante el luto reciente, se abrieran las puertas de la casa, repleta de gente, y se colocara una bande­ra en la ventana.

Manuela Diez vio su familia y su cotidianidad permanente­mente afectadas por las actividades políticas que al seno de ella se desarrollaban, no como una simple madre que accede a ser solidaria con sus hijos e hijas, sino como activa militante de los ideales que había contribuido a sembrar en el seno del grupo Trinitario.


Murió en el exilio en Caracas, Venezuela, el 31 de diciembre de 1858.

Concepción Bona (1824-1901)

Nació en la ciudad de Santo Domingo el día 6 de diciembre de 1824. Desde joven dio muestras de amor a la patria y se mantuvo en todo momento al tanto de todos los acontecimientos independentistas.

Confeccionó la primera bandera dominicana, la misma que ondeó airosa en el asta del Baluarte la noche del 27 de febrero.

Con apenas 19 años en 1844 era una ferviente admiradora de Los Trinitarios y decidida duartista. Vivía frente al Baluarte del Conde junto con su prima María de Jesús Pina y junto a ésta había preparado la bandera siguiendo los lineamientos trazados por Duarte. La noche del 27 de Febrero, en el momento sublime de la proclamación de nuestra independencia cruzó hasta el Baluarte, acompañó a los patriotas y pudo presenciar con orgullo, cómo flotaba al viento de la libertad el paño simbólico de la república naciente.

Su padre, temeroso de los riesgos y peligros que su hija corría, fue a buscarla; y al negarse ésta a abandonar a sus compañeros se la llevó amarrada, dejándola así durante varios días en su hogar.


Toda su vida, esta heroína dominicana la puso al servicio de los ideales redentoristas de Juan Pablo Duarte, y su aliento, más de una vez, sirvió para levantar el ánimo abatido de un joven dominicano.

Juana Saltitopa

Su verdadero nombre era Juana de la Merced Trinidad. Nacida en La Vega, residía en Santiago en los días de la fundación de la república. Su carácter decidido e independiente se contagió con el ardor bélico de aquel momento, en que se desempolvaban armas antiguas y se recolectaban machetes para enfrentar al ejército haitiano.

Llegadas las tropas a La Vega, entre las que figuraba la gente del Jamo capitaneada por Marcos Trinidad, Juana, pariente suya, se presentó al cuartel con la decisión de participar en la esperada lucha como soldado.

En la batalla del 30 de Marzo, ocupó su lugar entre los combatientes rompiendo las tradiciones de la época. En 1852 vivió en Santo Domingo, con sueldo de grado de coronel, (por lo que muchos la llamaron “la coronela”) que más tarde le fue suprimido, mandándola de nuevo al Cibao.

Usaba como arma un machete y vestía con ropas masculinas y en Santiago y La Vega se hacía acompañar de dos mujeres como edecanas. Según algunos era atractiva y de estatura mediana.


Murió asesinada en las afueras de Santiago, camino de Marilópez, cuando regresaba de La Vega en el año 1860.

Ana Valverde (1798-1864)

Nació en Santiago de los Caballeros, en 1798. Destacada febrerista, ella y su familia se opusieron a la ocupación haitiana prestando notables servicios al movimiento independentista de 1844.

Inmediatamente después de la proclamación del 27 de febrero, como se esperaba un ataque haitiano, esta valiente mujer se dedicó a recabar fondos para reconstruir los muros de la ciudad de Santo Domingo.


Cuando Pedro Santana tomó el poder, fue expulsada del país, murió en Santo Domingo el 20 de noviembre de 1864.

sábado, 20 de julio de 2013

María Trinidad Sánchez

Nació en 1784. Primera víctima del crimen político en la historia republi­cana, es la más elevada expresión del liderazgo femenino en su época.

Hija de Fernando Sánchez e Isidora Ramona, perteneció al grupo de febreristas que lucharon por la Independencia Nacional. Junto a Concepción Bona, sus manos confecciona­ron la “primera bandera dominicana”.

Fiel seguidora del pensamiento y acción de Duarte, parti­cipó activamente en todo el proceso que culminó el 27 de febrero de 1844, momento decisivo en el que transportó pól­vora en sus propias faldas y elaboró muchos de los cartuchos que utilizaron Los Trinitarios esa noche.

Al rebelarse las intenciones anexionistas del General Pedro Santana, se integró a los movimientos conspiradores que surgieron para derrocarlo. María Trinidad alojó en su casa a los disidentes del General Santana y organizó y orientó la conspiración del 1845.

Intentando por todos los medios legales que los defen­sores de la independencia pudieran volver al país, el movi­miento conspirativo entre civiles y militares tenía por plan un cambio de gobierno, dejando a Pedro Santana con plenos poderes para que éste ordenara el regreso de los patriotas, para luego derrocarlo.

Al descubrirse la insurrección, María Trinidad fue una de las primeras personas apresadas. Única conocedora del escondite de su sobrino, Francisco del Rosario Sánchez, a quien le llevaba las comunicaciones que le enviaban, jamás lo reveló. Junto a otros conjurados fue juzgada por un Consejo de Guerra que les condenó al fusilamiento. El dictamen del Tribunal dice tex­tualmente, que fueron condenados como autores instrumen­tales de la conspiración considerados hasta el momento, y por haberse negado obstinadamente la primera (María Trinidad Sánchez) a confesar (es decir, a delatar) los principales.

Estas palabras dejan ver la entereza de carácter de esta mujer, ya que en los interrogatorios se le ofrecía la gracia de la vida si denunciaba a sus compañeros de conjura, pero esta heroica mujer prefirió callar y enfrentarse al pelotón de fusila­miento antes que traicionarlos.

El 27 de febrero de 1845, al cumplirse el primer aniversario de la fundación de la República, se ejecutó la sentencia. María Trinidad caminó desde la fortaleza Ozama hasta el cementerio, donde sería fusilada, y al pasar por la Puerta del Conde exclamó: "Dios mío, cúmplase en mí tu voluntad y sálvese la República".

Su muerte fue producto de la fidelidad a los intereses de la soberanía nacional.


Josefa Antonia Pérez de la Paz (Chepita)

Madre de Juan Isidro Pérez, uno de los nueve Trinitarios, doña Chepita fue la primera "Comunicada" de La Trinitaria, organización política que se fundó en su casa de la calle Arzobispo Nouel un 16 de julio de 1838.

Al convocar a la primera reunión de la Sociedad Secreta "La Trinitaria", los conspirados pidieron a doña Chepita, quien vivía frente a la Iglesia del Carmen, prestar su casa para celebrar el encuentro.  Era imperativo evitar llamar la atención de las autoridades haitianas, así que los Trinitarios decidieron aprovechar la festividad Del Carmen para reunirse ese día, aparentando que todos iban a la iglesia.

Doña Chepita consintió recibir en su casa al grupo de conspiradores rompiendo los esquemas tradicionales de la época al ignorar cualquier prurito religioso aprovecharon estratégicamente el bullicio de la festividad del Carmen para la fundación de "La Trinitaria" y el juramento de sus nueve miembros. Mientras deliberaban, doña Chepita vigilaba la calle, convirtiéndose de esta manera en la primera de las que se llamaron "Comunicadas" de La Trinitaria. 

Asumió todos los riesgos que implicaba esta colaboración con la primera organización política de la República Dominicana, con lo que aportó una valiosa cuota al proceso de la historia de nuestra independencia.